Desde el momento alucinante del amanecer (aún lo sigue siendo para mi, luego de verlo durante 20 años), desde que las nubes hacen paso a esta fuente de vida, desde que los rayos de luz muestran ante mis ojos la grandeza de este paraiso.
No encuentro explicación para no admirarte, desear estar bajo tus faldas y subir a los más alto, sentir tu frío estremecedor, observar el pedazo de blancura que dejas aún cubrirte, eres uno de los techos que cualquier amante de la paz y hermosura quisiera alcanzar, eres el techo de una gran masa de tierra, llena de criaturas y de ese tono verdoso, que luego termina por una tundra digna de respeto.
Eres uno de mis techos, uno de mis más grandes desafíos, mientras tanto te admirare a la distancia, sin nunca olvidar lo que me prometes al llegar a tu morada.
Raúl A. Ramírez.

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